Esa mañana, cuando se levantó, sus pies se arrastraban, la cabeza iba de un lado a otro, dejada llevar por la inercia de unos pies arrastrados, por lo que se podria decir que tambien arrastraba la cabeza. Pero su mente se encontraba a una distancia indefinida por encima. Flotaba, aun con las brumas del sueño, solo flotaba. Quiso alejarse mas, pero ese cuerpo arrastrado no se lo permitió, y subitamente la mente volvio al cuerpo, y lo mismo que cuando se tira una roca a un estanque el agua se separa por un instante, y al instante siguiente el agua vuelve a ocupar rapidamente su lugar, igual la vida real volvia a tomar el suyo, con las cotiniedades, el trafico, la contaminación, la miseria y todas las maravillas de la vida, tanto las conocidas, como el amplio margen que hay que reservar por las que quedan por descubrir. El tono final, la suma de todos estos colores, podria haber sido blanco, pero en verdad se trataba mas bien de un color mierda. Se deduce con esto que en la amalgama de todos los colores con los que la realidad aquella mañana volvió subitamente a su cabeza, habia mas cantidad de aquellos que eran frios y sucios. Otro paso arrastrado mas, una pausa.Comenzaba a dar el siguiente paso, cuando una idea le detuvo. La mayor aportación al color mierda provenia de sus propios pies, de las cadenas y grilletes, imaginarios, en cuanto que realmente no estaban ahí, pero reales en tanto que le hacia caminar como un preso, vivir como un preso, y pensar como un preso, arrastrado. Aquellas cadenas eran la representación mental de todas las cosas, ajenas y propias, que le tenian atrapado. Tanto peor que fueran imaginarias, al menos las de verdad puedes tratar de romperlas, y aunque no te sirva de nada, por lo menos te da la sensación y la esperanza de escapar. Pero estas no se pueden romper, simplemente, te atrapan. Fruncio el ceño. Dedicó esta fruncida a todos aquellos responsables de la existencia de esas cadenas, quedando la ultima gran parte del fruncido para si mismo. Cogio las cadenas, las alzo por encima de su cabeza, y grito al universo, pero qué es esto. El espejo le devolvió, inevitablemente, la pregunta.
Type: 24 min
Edit:7 min (ups)
martes, 11 de noviembre de 2008
sábado, 8 de noviembre de 2008
Yo no soy así. No soy insegura. No pienso qué comentarios son los que van a agradar a la gente. No hago gracias para que me las rías. Si me quedo, es porque estoy cómoda. Si sonrío, es porque lo siento. Si te abrazo, es porque me apetece.
Tú no me quieres a mí. Sólo te gusta aquella mirada distraída, tal vez inocente, entre palabras confundidas. Te balanceas en el recuerdo del mar, de nuestras manos... de un beso robado. Te recreas en el dibujo de un paseo al amanecer, del roce de las olas en nuestros pies, de una caricia en la espalda a contratiempo.
No me mires, no me pienses, no me sientas. No voy a ser quien tú quieres que sea.
Write: 27
Type: 2
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Tú no me quieres a mí. Sólo te gusta aquella mirada distraída, tal vez inocente, entre palabras confundidas. Te balanceas en el recuerdo del mar, de nuestras manos... de un beso robado. Te recreas en el dibujo de un paseo al amanecer, del roce de las olas en nuestros pies, de una caricia en la espalda a contratiempo.
No me mires, no me pienses, no me sientas. No voy a ser quien tú quieres que sea.
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Viajero sin retorno
Viajando se consumen las horas, minutos, días e incluso vidas. A veces se llega a ver tantas cosas y vivir tantos momentos que cuesta trabajo situarlos y darle la importancia que merecen. Si a cada sitio que fuéramos lo disfrutáramos como si fuera el primero, los recuerdos de anteriores viajes se difuminarían en un mar de pensamientos, conexiones y nombres en extrañas lenguas.
Dicen que hay quien viaja toda una vida. Que reconocen en cada sitio que van la esencia de las cosas. Sin embargo, por el mero hecho del movimiento implícito del viaje, el conocer hasta la saciedad es a la vez una utopía y un camino sin retorno. Es imposible tener el conocimiento absoluto y menos aún cuando se llega al momento en el que la repetición de lo vivido supera a los descubrimientos. Es en ese preciso momento cuando el viajero decide coger de nuevo sus bártulos y emprende un nuevo viaje que le llevará a lugares insospechados y le ayudará en su arduo e imposible tarea de saciar su voracidad de la vida.
Escribir en papel: 10'
Mecanografiar: 5'
Editar y enviar: 3'
Dicen que hay quien viaja toda una vida. Que reconocen en cada sitio que van la esencia de las cosas. Sin embargo, por el mero hecho del movimiento implícito del viaje, el conocer hasta la saciedad es a la vez una utopía y un camino sin retorno. Es imposible tener el conocimiento absoluto y menos aún cuando se llega al momento en el que la repetición de lo vivido supera a los descubrimientos. Es en ese preciso momento cuando el viajero decide coger de nuevo sus bártulos y emprende un nuevo viaje que le llevará a lugares insospechados y le ayudará en su arduo e imposible tarea de saciar su voracidad de la vida.
Escribir en papel: 10'
Mecanografiar: 5'
Editar y enviar: 3'
lunes, 3 de noviembre de 2008
Un barquito de cáscara de nuez
...Un barquito de cáscara de nuez, adornado con velas de papel, se hizo hoy a la mar para lejos llevar gotitas doradas de miel. Un mosquito sin miedo va en él, muy seguro de ser buen timonel, y subiendo y bajando las olas, el barquito ya se fue. Navegar sin temor en el mar es lo mejor, no hay razón de ponerse a temblar. Y si viene negra tempestad, reír y remar y cantar...
Las lágrimas se deslizaban por sus mejillas cada vez que oía aquella canción. Lágrimas serenas, profundas. Lágrimas que paseaban sin aspavientos, con paso firme, tranquilas pero con decisión. Ella no podía evitarlo. Quizá era uno de aquellos recuerdos con núcleo emocional, como tantas veces había oído decir a la psicóloga. Con tan sólo las primeras notas, llegaba a su mente la imagen de su abuela, enseñándole aquella canción, a ella y a su muñeca del vestido azul. Y después aquél barquito. Vació con cuidado la cáscara, la rellenó con un trozo de plastilina (azul, por supuesto) y clavó la vela, elegantemente construida con un palillo de dientes y un triángulo de papel. Esperó pacientemente hasta que llegó un día de lluvia, y bajó rápidamente las escaleras para ver qué tal navegaba el barco en el riachuelo que se formaba en la calle. Tuvo que reconocer que no parecía muy seguro. Por suerte, nadie iba a bordo. Se dijo que el próximo necesitaría una vela más grande, y más plastilina.
Nunca sabía con certeza cuándo se detendrían las lágrimas. Ya no podía abrazarse a la muñeca del vestido azul y decirle que no llorara, porque se ponía muy fea. Sólo le quedaba aquella inquietante canción: ... y si viene negra tempestad, reír y remar y cantar...
Write: 25
Type: 0
Edit: 3
Las lágrimas se deslizaban por sus mejillas cada vez que oía aquella canción. Lágrimas serenas, profundas. Lágrimas que paseaban sin aspavientos, con paso firme, tranquilas pero con decisión. Ella no podía evitarlo. Quizá era uno de aquellos recuerdos con núcleo emocional, como tantas veces había oído decir a la psicóloga. Con tan sólo las primeras notas, llegaba a su mente la imagen de su abuela, enseñándole aquella canción, a ella y a su muñeca del vestido azul. Y después aquél barquito. Vació con cuidado la cáscara, la rellenó con un trozo de plastilina (azul, por supuesto) y clavó la vela, elegantemente construida con un palillo de dientes y un triángulo de papel. Esperó pacientemente hasta que llegó un día de lluvia, y bajó rápidamente las escaleras para ver qué tal navegaba el barco en el riachuelo que se formaba en la calle. Tuvo que reconocer que no parecía muy seguro. Por suerte, nadie iba a bordo. Se dijo que el próximo necesitaría una vela más grande, y más plastilina.
Nunca sabía con certeza cuándo se detendrían las lágrimas. Ya no podía abrazarse a la muñeca del vestido azul y decirle que no llorara, porque se ponía muy fea. Sólo le quedaba aquella inquietante canción: ... y si viene negra tempestad, reír y remar y cantar...
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domingo, 2 de noviembre de 2008
Eco de cuerna
Con un leve gesto, el anciano anuncio que iba a decir algo. Fue su nieto quien pego el oido a esos arrugados labios, que se movieron sin llegar a emitir ruido alguno. Sin embargo el rostro de su joven interprete se encendió, reincorporado asintió para todos los presentes, los cuales recogieron la noticia con agrado. Mas solo uno reaccionó. Subió a lo alto del arbol mas cercano, alcanzó agilmente la copa, y desde alli, saco su cuerno y resoplo. Asi como el sonido de su cuerna se extendía por los valles, otros sonidos de cuernos se iban uniendo al suyo, y a éstos, cantares y vítores de una gente que habia estado esperando ese momento.
El anciano, se recostó en su asiento, satisfecho. El nieto se subio sobre la roca ceremonial, desde donde se divisaba todo el valle, alzó una antorcha. Pequeñas lucecitas fueron apareciendo hasta donde la vista alcanzaba. Se volvió a todos los presentes y les dijo: "Ya es la hora, pongamonos en marcha".
Type 14
edit 6
El anciano, se recostó en su asiento, satisfecho. El nieto se subio sobre la roca ceremonial, desde donde se divisaba todo el valle, alzó una antorcha. Pequeñas lucecitas fueron apareciendo hasta donde la vista alcanzaba. Se volvió a todos los presentes y les dijo: "Ya es la hora, pongamonos en marcha".
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viernes, 31 de octubre de 2008
La Jungla de Cristal
Empecé a tamborilear mis dedos sobre el pantalón bastante antes de que volvieran a anunciarlo por los altavoces:
-Última llamada para los pasajeros del vuelo blogspot con destino a 30 Minutos. Procedan inmediatamente por la puerta de embarque.
-Dónde se abrán metidos éstos? -me pregunté en voz alta.
Un poco inquieto, fui de nuevo a las tiendas de Duty free para asegurarme de que no estaban inmersos por algún ataque espontáneo de compras sin sentido, pero salvo una dependienta con sonrisa apelmazada y una pelusilla de esas del desierto, no puede ver nada (las estanterías repletas de cosas que no necesito siemprte adquieren propiedades de invisibilidad).
Volví a mirar la hora preocupado en el móvil y decidí dar una última carrera por los pasillos para mirar de nuevo en el infame cubículo de los fumadores. Lluegué resoplando, algo despeinado, y con un silbido asmático que se me escapaba entre los dientes que me advertía qde que mi sistema respiratorio no iba a tolerar tal inmundicia. Salvo un cenicero repleto de colillas y cajetillas de tabaco arrugadas (tal es la ansia de los fumadores) no había senyales de vida.
Entonces los altavoces empezaron de nuevo:
-Absoluta última llamada para los senyores pasajeros del vuelo blogspot con destino a 30 Minutos. Embarquen de inmediato!
Exasperado, cerré la puzertas del cubículo de inmundo y empecé a gritar.
-Aaaaarrrrgh!!!!!
La gente que deambulaba ociosa por los pasillos me miraba extranyada y se apartaba de mi camino. Cuando ví a la pareja de seguridad acercarse al trote hacia mí, empecé a correr en opuesta dirección sin ningún motivo mientras volví a gritar como loco, empezando a cogerle el gustillo a la idea de ser un lunático.
-Alto! Deténgase! -gritaron los monigotes.
Pensé que sería más divertido si realmente me detenía, ya que no me apetecía ser disparado en la espalda, y, en honor a la verdad, siendo un fimador asmático, no iba a llegar muy lejos de todos modos. Así que me paré en seco y me dí la vuelta con los ojos desencajados, a tiempo para ver a los gorilas patinar por el suelo encerado. Con una elegante filigrana esquivé a ambos y los ví desaparecer, todavía patinando, corredor abajo.
Entonces, muy calmadamente, me peiné el flequillo, apagué el móvil y me lo guardé en el bolsillo de la chauqeta. Miré alrededor y, con un gran impulso corría hacia la enorme cristalera que atravesé de un salto con los brazos cruzados por delante.
CRAAASH!!!!
El tiempo se ralentizó. Los minúsculos cristales giraron lentamente en el aire como cristalinas gotas de agua en la cresta de una ola justo antes de romper. Me vi flotar en el aire con los cristalitos unos instantes antes de empezar a aitar los brazos y echar a volar.
Pude imaginarme la cara de todos viéndome volar, pero no mire hacia atrás porque lo importante, coimprendí, era seguir batiendo los brazos, y volar, volar, volar hasta desaparecer en el ínfimo horizontze de los 30 Minutos.
Write: 19 minutos.
Type: 12 minutos
Edit: 0 minutos.
(que me perdonen los duendes malignos por el minuto de mas!)
-Última llamada para los pasajeros del vuelo blogspot con destino a 30 Minutos. Procedan inmediatamente por la puerta de embarque.
-Dónde se abrán metidos éstos? -me pregunté en voz alta.
Un poco inquieto, fui de nuevo a las tiendas de Duty free para asegurarme de que no estaban inmersos por algún ataque espontáneo de compras sin sentido, pero salvo una dependienta con sonrisa apelmazada y una pelusilla de esas del desierto, no puede ver nada (las estanterías repletas de cosas que no necesito siemprte adquieren propiedades de invisibilidad).
Volví a mirar la hora preocupado en el móvil y decidí dar una última carrera por los pasillos para mirar de nuevo en el infame cubículo de los fumadores. Lluegué resoplando, algo despeinado, y con un silbido asmático que se me escapaba entre los dientes que me advertía qde que mi sistema respiratorio no iba a tolerar tal inmundicia. Salvo un cenicero repleto de colillas y cajetillas de tabaco arrugadas (tal es la ansia de los fumadores) no había senyales de vida.
Entonces los altavoces empezaron de nuevo:
-Absoluta última llamada para los senyores pasajeros del vuelo blogspot con destino a 30 Minutos. Embarquen de inmediato!
Exasperado, cerré la puzertas del cubículo de inmundo y empecé a gritar.
-Aaaaarrrrgh!!!!!
La gente que deambulaba ociosa por los pasillos me miraba extranyada y se apartaba de mi camino. Cuando ví a la pareja de seguridad acercarse al trote hacia mí, empecé a correr en opuesta dirección sin ningún motivo mientras volví a gritar como loco, empezando a cogerle el gustillo a la idea de ser un lunático.
-Alto! Deténgase! -gritaron los monigotes.
Pensé que sería más divertido si realmente me detenía, ya que no me apetecía ser disparado en la espalda, y, en honor a la verdad, siendo un fimador asmático, no iba a llegar muy lejos de todos modos. Así que me paré en seco y me dí la vuelta con los ojos desencajados, a tiempo para ver a los gorilas patinar por el suelo encerado. Con una elegante filigrana esquivé a ambos y los ví desaparecer, todavía patinando, corredor abajo.
Entonces, muy calmadamente, me peiné el flequillo, apagué el móvil y me lo guardé en el bolsillo de la chauqeta. Miré alrededor y, con un gran impulso corría hacia la enorme cristalera que atravesé de un salto con los brazos cruzados por delante.
CRAAASH!!!!
El tiempo se ralentizó. Los minúsculos cristales giraron lentamente en el aire como cristalinas gotas de agua en la cresta de una ola justo antes de romper. Me vi flotar en el aire con los cristalitos unos instantes antes de empezar a aitar los brazos y echar a volar.
Pude imaginarme la cara de todos viéndome volar, pero no mire hacia atrás porque lo importante, coimprendí, era seguir batiendo los brazos, y volar, volar, volar hasta desaparecer en el ínfimo horizontze de los 30 Minutos.
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(que me perdonen los duendes malignos por el minuto de mas!)
lunes, 27 de octubre de 2008
Por dejarlo todo pa ultima hora
La estacion estaba desierta, ya todos se habian despedido y estaban ya sentados en sus asientos, preparados. Desde la gran puerta de la entrada se oian unos pasos apresurados a ratos, corriendo a otros, todo lo que una baja forma fisica permitia. Según los pasos sonaban mas altos, una figura entraba corriendo, patinando levemente al tomar la curva. La camisa por fuera, la corbata por detrás, los pelos huidizos aun mostraban que no hace mucho estuvieron peinados y cada uno en su sitio. Ahora no. Ahora todo su cuerpo corria alocado para alcanzar un tren que ya habia echado el vapor inicial, que ya habia silbado todas las veces precisas, que ya se habia despedido de los familiares y amigos en tierra, moviendo la mano, y puede que hasta algun pañuelo, para alcanzar un tren que ya empezaba a marcharse. El corredor saltó a la via, y siguió corriendo tras un tren que harto de esperar, ya no paraba por el. Otro silbido, otra bocanada de vapor hacia la estacion. Un ultimo esfuerzo, se dijo. Entonces acelero, y tuvo la ultima puerta del ultimo vagon a tiro. Cogiose de una mano, cogiose de la otra, arriba estaba. En la puerta, un revisor con sonrisa bonachona, que con un gesto de aprobación le pregunto: “Hacia donde, señor?”. Entre respiraciones exhaustas, respondio: “A 30minutosblog, por favor”
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Encontrar la pagina, recordar la clave, pegar el mensaje, problemas con el navegador: 13 minuten (perdon por el retraaaaso)
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